miércoles, 9 de noviembre de 2016

SORPRESAS TE DA LA VIDA

Todos hemos oído hablar de los niños milagro. Esos bichillos raros que, por extrañas casualidades o porque así lo ha querido Dios, viven a pesar de que todos los vaticinios sobre su vida sean negativos. Pues bien, ¡yo tengo el honor de ser una de esos supervivientes!



Nací con dos meses de antelación un caluroso y sanferminero día 12 de julio. ¿Habéis visto alguna vez un ser humano morado? Así salí yo, en un cuerpecito de apenas 1,2 Kg. Los médicos, cuando aún estaba dentro de mi madre, le dijeron que tenía altas probabilidades de nacer ciega, sorda, muda o con movilidad reducida. Pero parece ser que todos los malos pronósticos derivaron en ¡una simple hipoacusia bilateral mixta!
Mis padres, por supuesto, quedaron muy contentos con mi llegada y con las buenas noticias. Sin embargo, estaban preocupados por si repercutiría en el aprendizaje de mi lengua materna, en mi relación con los demás y más todavía, en mi expresión oral y en la interpretación de la música. Por eso a los seis años me pusieron audífonos.

Una anécdota divertida que me contaron de los años que viví sin audífonos es la siguiente: cuando era pequeña no podía entender cómo mi madre cuando yo susurraba su nombre muy bajito aparecía en seguida. Rápidamente llegué a la conclusión de que ¡mi madre era un hada! Al ponerme los audífonos descubrí la desilusionante realidad: todo el mundo me oye aunque hable bajito, solo que yo no me oía.

Para sorpresa de todos, hablo perfectamente el español y a mis 20 años tengo un nivel bastante alto (B2) de inglés y de francés, para lo que se esperaría en una persona con mis características y ¡sin ellas! Ahora estoy intentando sacarme en C1 de inglés y será para mí todo un logro si lo consigo.

Cuando estaba en 2º de infantil en mi colegio, Teresianas, mis profesoras les dijeron a mis padres que tenía un gran sentido del ritmo y que era capaz de bailar de manera coordinada expresando con delicadeza las canciones. De igual manera, en primaria, época en la que tocábamos la flauta, mi profesor quedó asombrado ante el hecho de que pudiera reproducir una pieza musical solamente escuchando la melodía y sin ninguna partitura delante. Mis padres teniendo todo esto en cuenta me apuntaron a clases de ballet a los seis años y fue mi gran pasión hasta que cumplí los once, pues al empezar la ESO, decidí concentrarme solo en los estudios. De todas formas, sigo escuchando música en mi tiempo libre y me he dado cuenta de que el ritmo no requiere solamente de tener oído sino que es algo natural en ciertas personas, como por ejemplo, en mí.

Pasando a otro tema, la lectura, aún recuerdo la primera vez que la profesora de lengua nos mandó leer un libro de ficción para luego hacer una ficha de comprensión lectora. De esta manera, descubrí que la lectura es una de mis pasiones ya que se trata de viajar a otros mundos, a veces inexistentes, y vivir muchas aventuras. ¿Os había comentado ya que me gusta viajar? Debería haberlo hecho, porque definitivamente es una característica muy importante de mi forma de ser. Me considero, como dirían los americanos, una “globetrotter”. Mi primer gran viaje fue a Paris, la ciudad que conquistó mi corazón para siempre y que es, hasta el momento, la ciudad más hermosa que he conocido ¡y eso que he estado en Lisboa, Nueva York y Roma! De todas formas, hay un montón de ciudades que quiero visitar, como Venecia, Santorini, Atenas, Londres… Pero eso será ya en el próximo capítulo de mi vida. 





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