Todos
hemos oído hablar de los niños milagro. Esos bichillos raros que, por extrañas
casualidades o porque así lo ha querido Dios, viven a pesar de que todos los
vaticinios sobre su vida sean negativos. Pues bien, ¡yo tengo el honor de ser
una de esos supervivientes!
Nací
con dos meses de antelación un caluroso y sanferminero día 12 de julio. ¿Habéis
visto alguna vez un ser humano morado? Así salí yo, en un cuerpecito de apenas 1,2
Kg. Los médicos, cuando aún estaba dentro de mi madre, le dijeron que tenía
altas probabilidades de nacer ciega, sorda, muda o con movilidad reducida. Pero
parece ser que todos los malos pronósticos derivaron en ¡una simple hipoacusia
bilateral mixta!
Mis padres, por supuesto, quedaron muy contentos con mi llegada y con las buenas noticias. Sin embargo, estaban preocupados por si repercutiría en el aprendizaje de mi lengua materna, en mi relación con los demás y más todavía, en mi expresión oral y en la interpretación de la música. Por eso a los seis años me pusieron audífonos.
Mis padres, por supuesto, quedaron muy contentos con mi llegada y con las buenas noticias. Sin embargo, estaban preocupados por si repercutiría en el aprendizaje de mi lengua materna, en mi relación con los demás y más todavía, en mi expresión oral y en la interpretación de la música. Por eso a los seis años me pusieron audífonos.
Una
anécdota divertida que me contaron de los años que viví sin audífonos es la
siguiente: cuando era pequeña no podía entender cómo mi madre cuando yo
susurraba su nombre muy bajito aparecía en seguida. Rápidamente llegué a la
conclusión de que ¡mi madre era un hada! Al ponerme los audífonos descubrí la
desilusionante realidad: todo el mundo me oye aunque hable bajito, solo que yo
no me oía.
Para
sorpresa de todos, hablo perfectamente el español y a mis 20 años tengo un
nivel bastante alto (B2) de inglés y de francés, para lo que se esperaría en
una persona con mis características y ¡sin ellas! Ahora estoy intentando
sacarme en C1 de inglés y será para mí todo un logro si lo consigo.
Cuando
estaba en 2º de infantil en mi colegio, Teresianas, mis profesoras les dijeron
a mis padres que tenía un gran sentido del ritmo y que era capaz de bailar de
manera coordinada expresando con delicadeza las canciones. De igual manera, en
primaria, época en la que tocábamos la flauta, mi profesor quedó asombrado ante
el hecho de que pudiera reproducir una pieza musical solamente escuchando la
melodía y sin ninguna partitura delante. Mis padres teniendo todo esto en
cuenta me apuntaron a clases de ballet a los seis años y fue mi gran pasión hasta
que cumplí los once, pues al empezar la ESO, decidí concentrarme solo en los
estudios. De todas formas, sigo escuchando
música en mi tiempo libre y me he dado cuenta de que el ritmo no requiere solamente
de tener oído sino que es algo natural en ciertas personas, como por ejemplo, en
mí.
Pasando
a otro tema, la lectura, aún recuerdo la primera vez que la profesora de lengua
nos mandó leer un libro de ficción para luego hacer una ficha de comprensión
lectora. De esta manera, descubrí que la lectura es una de mis pasiones ya que
se trata de viajar a otros mundos, a veces inexistentes, y vivir muchas
aventuras. ¿Os había comentado ya que me gusta viajar? Debería haberlo hecho,
porque definitivamente es una característica muy importante de mi forma de ser.
Me considero, como dirían los americanos, una “globetrotter”. Mi primer gran
viaje fue a Paris, la ciudad que conquistó mi corazón para siempre y que es,
hasta el momento, la ciudad más hermosa que he conocido ¡y eso que he estado en
Lisboa, Nueva York y Roma! De todas formas, hay un montón de ciudades que
quiero visitar, como Venecia, Santorini, Atenas, Londres… Pero eso será ya en
el próximo capítulo de mi vida.

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar