Todos
hemos oído hablar de los niños milagro. Esos bichillos raros que, por extrañas
casualidades o porque así lo ha querido Dios, viven a pesar de que todos los
vaticinios sobre su vida sean negativos. Pues bien, ¡yo tengo el honor de ser
una de esos supervivientes!
Nací
con dos meses de antelación un caluroso y sanferminero día 12 de julio. ¿Habéis
visto alguna vez un ser humano morado? Así salí yo, en un cuerpecito de apenas 1,2
Kg. Los médicos, cuando aún estaba dentro de mi madre, le dijeron que tenía
altas probabilidades de nacer ciega, sorda, muda o con movilidad reducida. Pero
parece ser que todos los malos pronósticos derivaron en ¡una simple hipoacusia
bilateral mixta!



